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En comunidades rurales de la Península de Yucatán, en México, donde el acceso a la electricidad es limitado o inexistente, mujeres mayas aprendieron a instalar y mantener sistemas solares. Su trabajo lleva luz a hogares en donde las familias participan en el proceso. (Por Itzel Chan*)

Una comunidad de la Amazonía brasileña está demostrando cómo el acceso confiable a energía renovable puede convertirse en una herramienta de desarrollo económico.

Tefé, Amazonas (Brasil).- Una comunidad de la Amazonía brasileña está demostrando cómo el acceso confiable a energía renovable puede convertirse en una herramienta de desarrollo económico. En Bela Conquista, una minirred solar permitirá poner en funcionamiento una planta comunitaria de procesamiento de açaí que durante años no pudo operar debido a la falta de electricidad confiable, creando nuevas oportunidades para que las familias generen ingresos y capturen más valor de su producción local.

Con suministro estable de energía, la planta podrá producir hasta 36.000 litros de açaí al año, reduciendo pérdidas y permitiendo que una mayor parte del valor económico generado por la producción permanezca en la propia comunidad. Más que un proyecto de electrificación, la iniciativa demuestra cómo la energía puede impulsar actividades productivas, fortalecer economías rurales y apoyar un desarrollo sostenible basado en los recursos del bosque.

El açaí es uno de los productos más importantes de la bioeconomía amazónica. Datos oficiales muestran que la cadena productiva del fruto generó aproximadamente R$1.000 millones en valor de producción en Brasil en 2024, mientras que el estado de Amazonas registró alrededor de R$141,6 millones. Estas cifras reflejan el potencial económico de iniciativas que permiten a las comunidades agregar valor localmente en lugar de vender materias primas sin procesamiento.

La iniciativa forma parte de Luz na Floresta, un programa desarrollado por la Fundação Amazônia Sustentável (FAS), la Global Energy Alliance for People and Planet (GEA) y el Ministerio de Minas y Energía de Brasil. En su primera fase, el programa prevé beneficiar aproximadamente a 1.804 personas y 451 familias en los estados de Amazonas y Roraima mediante inversiones en infraestructura energética, capacitación comunitaria y usos productivos de la energía. La inversión prevista asciende a US$3 millones.

Bela Conquista representa el primer caso de un modelo que los socios buscan expandir a otras comunidades amazónicas. El programa conecta energía renovable con actividades económicas vinculadas a la bioeconomía, incluyendo procesamiento de açaí, producción de pulpas de frutas, agricultura e iniciativas relacionadas con productos forestales.

Las instalaciones previstas podrían generar hasta 1 GWh de energía solar al año, evitar el consumo de aproximadamente 255.000 litros de diésel y reducir cerca de 680 toneladas de emisiones de CO₂.

La iniciativa responde a uno de los principales desafíos de desarrollo de la Amazonía. Más del 95 % de la población brasileña que aún carece de acceso confiable a la electricidad vive en la región amazónica. Aproximadamente un millón de brasileños sigue sin acceso adecuado a energía y cerca de tres millones dependen de sistemas basados en diésel.

La experiencia de Bela Conquista también ofrece lecciones para otros territorios amazónicos de América Latina, donde comunidades rurales enfrentan desafíos similares para acceder a energía confiable, agregar valor a la producción local y crear oportunidades económicas sostenibles. El proyecto busca demostrar cómo la combinación de energía renovable, capacitación comunitaria y desarrollo productivo puede fortalecer economías locales basadas en los recursos del bosque.

De acceso a la energía a generación de ingresos

La planta comunitaria fue concebida por los propios habitantes en 2017 con el objetivo de agregar valor a la producción local de açaí y ampliar el acceso a mercados.

“El principal obstáculo era la falta de energía confiable. Sin electricidad estable era imposible operar la planta a plena capacidad”, explica Daniel Gama, líder del proyecto comunitario.

“Ahora podremos procesar más açaí, reducir pérdidas y aumentar los ingresos de las familias. Tendremos capacidad para generar más actividad económica y más oportunidades para la comunidad”, afirma Luciana Sena, representante de Bela Conquista.

Además de impulsar actividades productivas, la infraestructura suministra energía a instalaciones esenciales como la escuela, el centro comunitario y los sistemas locales de abastecimiento de agua.

Modelo replicable

La iniciativa incluye formación para que los propios habitantes gestionen, operen y mantengan la infraestructura energética instalada, fortaleciendo la autonomía local y la sostenibilidad de largo plazo.

“Las comunidades recibirán capacitación integral para administrar y mantener los sistemas implementados”, afirma Thiago Carvalho, líder de proyectos renovables de FAS.

“Buscamos utilizar la energía como una herramienta de prosperidad que permita a las comunidades generar ingresos, permanecer en sus territorios y contribuir a la conservación de la Amazonía”, señala Luisa Valentim, Brazil Delivery Lead de Global Energy Alliance.

“El bosque ya genera riqueza. Lo que faltaba era infraestructura para que las comunidades capturaran más de ese valor. El reto ahora es multiplicar este modelo en toda la Amazonía”, afirma Virgilio Viana, superintendente general de FAS.

La segunda semana de la COP30 cerró atravesada por negociaciones lentas. Todavía no hay acuerdos consolidados y persiste la expectativa de que la presidencia logre destrabar posiciones antes del cierre formal, según reporte de la Agencia Incontext, de la Fundacion Avina.

El profesor Kaveh Madani, quien acuñó el concepto de "bancarrota hídrica" y a quienes sus detractores llegaron  a tildar de "terrorista del agua" fue galardonado con el Premio del Agua de Estocolmo, el cual será entregado por Su Majestad el Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia en agosto de 2026 en Estocolmo. El premio incluye un reconocimiento de 1 millón de coronas suecas y una escultura de cristal.

Aunque la deforestación global se desacelera, aún perdemos 10,9 millones ha/año de bosques, advierte la FAO. En Colombia, con 59,1 millones ha de bosque, la deforestación aumentó 35% en 2024, especialmente en la Amazonia.

Un estudio realizado por investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego (EE.UU) asocia la recuperación de peces en áreas marinas protegidas con una mayor demanda del turismo de buceo, lo que aumentaría los ingresos de las comunidades costeras hasta en 252% en un período de 10 años.

El pescado, que constituía una fuente vital de proteínas y otros nutrientes esenciales para los habitantes de Gaza, ahora es casi inexistente y, si se puede encontrar, su costo ha aumentado hasta 20 veces respecto de los niveles de 2023, relata la FAO. Los pescadores tienen restringido su acceso al mar.

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