Manchi era el centro de atención de su hogar hasta que un día decidió saltar por el tejado. Su historia es la de cientos de familias que sufren la ausencia de su mascota. ¿Por qué se van los gatos y qué hacer para que regresen?
VILLAVICENCIO.- Nuestra gatica se marchó en la madrugada, cuando el inmenso sol llanero empezaba a asomarse por los ventanales del barrio. Se fue, repentinamente, por el tejado de la casa, por donde merodeaba noche y día, para finalmente filtrarse por alguna de las ventanas de la casa que, por lo general, acostumbramos a dejar abiertas para que el viento refresque las habitaciones.
Manchi —bautizada así por las manchas grises y amarillas que adornan su rostro de ojos azul profundo— se fue en silencio. No maulló, como solía hacerlo para pedir su ración de concentrado y de leche. Solo tuvo un pequeño altercado con uno de sus vecinos peludos de tejados. Al comienzo, no nos preocupamos, pensamos que salía a hacer sus recorridos cotidianos, pero que volvería. No fue así. La tarde entró silenciosa y Manchi no daba señales de vida. Empezamos a llamarla por las ventanas que dan al tejado, hicimos un recorrido por la cuadra de la casa recomendándoles a los vecinos que nos avisaran si llegaban a verla.
Transcurrieron 5 días sin que Manchi apareciera. Papá ya estaba perdiendo las esperanzas, la tía Te., también. El vacío dejado por Manchi, se sentía en el sofá de la sala, donde acostumbraba a extenderse y a dormir plácidamente; también en las almohadas de las alcobas, donde unos ratos dormía y otros se acicalaba luciendo su brillante pelaje.
Hasta el momento, nadie en la casa tiene una explicación clara sobre las razones que pudo tener la gatica para marcharse. Ella llegó una tarde. La encontramos asustada, trepada en el palo de mango que le da sombra a nuestra casa. El vecino del primer piso, quien también tiene una gata, nos regaló un poco de concentrado para la inquieta visitante. La gatica comió con ansiedad, como si llevara mucho tiempo en ayuno. Entró a la casa y decidió que ese era su nuevo hogar. Nos dimos cuenta de que no estaba esterilizada y la llevamos al veterinario. La cuidamos, la consentimos y en pocos días era un miembro más de la familia, querida por todos, ronroneando cuando la acariciábamos… a Manchi no le faltaba nada.
Por qué se van los gatos
Amor, comida, abrigo… todo lo tenía ¿por qué se fue? En casa, sin encontrar una respuesta clara, seguíamos esperando su regreso…
Para los expertos en el tema, son varias las razones por las que un gatico se va de la casa. La primera de ellas, cuando no están esterilizados, es el instinto de reproducción. Los machos pueden oler a una hembra en celo a kilómetros de distancia y hacen lo imposible por escapar para buscarla; a las hembras, por su parte, el instinto las lleva buscar pareja cuando entran en su ciclo reproductivo.
Otra de las razones de escape puede ser la curiosidad y la caza, teniendo en cuenta que estos felinos son depredadores naturales. El movimiento de un pájaro o una lagartija puede hacer que se alejen más de la cuenta, advierte la documentación sobre este tema. A veces, en medio de la persecución, se desorientan o terminan atrapados en algún lugar (como un garaje vecino).
El estrés o cambios en el entorno también puede llevar a que los gatos se alejen, si ya no se sienten seguros. Los factores más comunes se relacionan con mudanzas o trasteos, la llegada de una nueva mascota o un bebé; ruidos fuertes o remodelaciones, y conflictos con otros gatos del vecindario.
Existe el mito de que los gatos se van de casa para morir, especialmente cuando están viejos. En este aspecto, la literatura felina señala que cuando se sienten enfermos o vulnerables, su instinto les dicta buscar un lugar solitario y escondido para evitar a los depredadores.
Una razón adicional es que alguien les brinde una comida que le gusta más que la de la casa. En esos casos, no es falta de cariño, es simplemente el gusto por otros sabores.
Para que no se vayan
Las alternativas para prevenir el escape de un gatico son varias. Entre las más comunes figuran: evitar al máximo sus intentos de vagabundear y pelear; hacer que la casa sea divertida con accesorios como rascadores, repisas y gimnasios, que los mantiene entretenidos; instalar mallas en ventanas o vallas anti escape en el jardín y, finalmente, colocarle un microchip, que permita su localización.
Y si ya se marchó, existen, igualmente, algunas estrategias para intentar que vuelva como, por ejemplo, sacar su caja de arena, en lo posible sin limpiar, al patio o a la entrada de la casa. El agudo olfato de estos felinos puede hacer que detecte su olor y regrese. Una prenda de la familia también puede convertirse en una señal para que el gato vuelva.
Si lo va a buscar, lo aconsejable es hacerlo en la noche o en la madrugada, cuando hay más silencio. La instrucción es llamarlo suavemente y sacudir su recipiente de comida.
Además, es conveniente revisar lugares pequeños y oscuros, donde suelen esconderse cuando están asustados. Revisar debajo de vehículos, en alcantarillas, sótanos de vecinos o arbustos densos en un radio de 200 metros a la redonda.
Otra recomendación que hace el Instituto Distrital de Bienestar y Protección Animal, es hacer difusión a través de redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter.
Para veterinarias como Sandra, perder a un gato, aunque sea por unos días, genera mucha incertidumbre. Pero ella es enfática en asegurar que “los gatos no se van de casa por falta de cariño, sino por instintos biológicos y territoriales muy arraigados”. Eso parece ser lo que le ocurrió a Machi, porque finalmente, al sexto día de haberse ido, apareció. Llegó con mucha hambre, como el primer día. Llegó con la misma hambre del primer día, bastante sucia, pero su regreso fue una celebración. Aunque el misterio de su escapada quedó en el tejado, hoy vuelve a dormir plácidamente en el sofá de siempre.

