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Revista Ecoguía. Noticias Ambientales y Ecológicas

Cuarenta años después de uno de los más trágicos desastres naturales por la avalancha del volcán Nevado del Ruiz, el cual representó la segunda erupción volcánica más mortífera del siglo XX, el monitoreo es permanente por parte del Servicio Geológico Colombiano, mientras que otras entidades como Parques Nacionales Naturales le enseña a las comunidades a conocer el volcán, a convivir con él y a tener una cultura de la prevención, ante posibles erupciones,

 

ARMERO (Tolima).- Las imágenes de miles y miles de hombres, mujeres y niños, cubiertos de lodo, la dolorosa vivencia de la pequeña Omaira, aprisionada por lozas de concreto que no permitieron rescatarla de entre los escombros, helicópteros que sobrevolaban rescatando el mayor número posible de víctimas y el llanto de los sobrevivientes, forman parte de las memorias de un próspero pueblo en el que florecía el algodón y el comercio, pero que de la noche a la mañana fue arrasado por la monumental avalancha de lodo y piedras que brotó del volcán Nevado del Ruiz, en la madrugada del 13 de noviembre de 1985 y que se agolpó en los ríos Lagunilla, Gualí y Chinchiná, causando la muerte de no menos de 25.000 personas. 

En los relatos noticiosos e históricos de este desastre natural que vuelve a la memoria cada vez que se recorre este escenario con las ruinas de viviendas y negocios abatidos por la fuerza de la avalancha; con la enorme cruz construida para recibir al Papa Juan Pablo II; con las lápidas en las que se leen los nombres de los miles de desaparecidos y con los altares que familiares y comunidad en general mantienen en inmediaciones del sitio donde Omaira permaneció viva, pero atada a la tierra, se cuenta que esta tragedia había sido anunciada, pero no fue lo suficiente valorada como para prender oportunamente las alarmas o generar las acciones preventivas de manera oportuna.

El Parque Nacional Natural Los Nevados, del cual forma parte el nevado de Ruiz, alberga algunos de los ecosistemas más valiosos del país. Sus páramos, bosques altoandinos, lagunas y glaciares suministran agua a millones de personas en los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima. Es un refugio de vida donde habitan especies emblemáticas como el cóndor de los Andes, el oso de anteojos y el venado cola blanca. Además, es territorio sagrado para pueblos indígenas que reconocen en el Ruiz una montaña viva, un ser espiritual que enseña equilibrio y respeto. Conservar este parque es cuidar la biodiversidad y la memoria natural y cultural del país, advierte Parques Nacionales Naturales (PNN).

Para PNN, vivir junto a un volcán activo es cohabitar con el riesgo: una realidad cotidiana que recuerda la vulnerabilidad de la existencia humana y la urgencia de gestionar los riesgos de manera colectiva. "En estos ecosistemas, donde los glaciares se funden con las montañas, los páramos sostienen la vida y los ríos conectan la alta montaña con los valles, cada afectación repercute en las personas, en los demás seres vivos y en los delicados equilibrios ecológicos del territorio", explican voceros de esta entidad.

En el Parque Nacional Natural Los Nevados, los equipos de guardaparques, los educadores ambientales y las comunidades aliadas con PNN, desarrollan programas que enseñan a conocer el volcán, a respetar su fuerza y a entender el valor ecológico de los ecosistemas circundantes. Los talleres, los recorridos pedagógicos y los encuentros comunitarios promueven una cultura de convivencia con la montaña, basada en el conocimiento, la prevención y la resiliencia. "Desde Parques Nacionales Naturales de Colombia honramos esa lección con compromiso, conocimiento y amor por la naturaleza", señala el comunicado con ocasión de los 40 años de la desaparición de Armero.

Por su parte, el Servicio Geológico Colombiano (SGC), advierte que el monitoreo del volcán Nevado del Ruiz es esencial para el país, dada su naturaleza explosiva y sus antecedentes de actividad eruptiva. "Entre más se integren nuevas tecnologías al monitoreo, se fortalezca el análisis de los datos y se investigue el comportamiento de la actividad del volcán Nevado del Ruiz, la entidad podrá compartir más conocimiento geo científico con las autoridades que hacen parte del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, y con las entidades gubernamentales encargadas de la planificación territorial para reducir el riesgo y mitigar los efectos de una posible erupción, señala un documento oficial de este organismo.

En caso de una erupción de magnitud considerable de este volcán, podrían generarse flujos piroclásticos que se movilizan a grandes velocidades (de decenas a varios centenares de km/h) y altas temperaturas, y que están compuestos por gases y material sólido (como ceniza y rocas de diverso tamaño). Estos flujos afectarían las zonas más cercanas al volcán Nevado del Ruiz, entre ellas, las áreas rurales de los municipios tolimenses de Herveo, Casabianca, Villahermosa y Murillo, y del municipio de Villamaría, en Caldas.  "Ante situaciones en las que la actividad de un volcán experimente cambios significativos y no previstos o haya probabilidad de ocurrencia de una erupción mayor se emitirá un boletín extraordinario", anuncia el SGC.

Adicionalmente, la ocurrencia de lahares o flujos de lodo volcánico (producto del derretimiento del glaciar que cubre el volcán) impactaría las zonas rurales próximas a los ríos Gualí, Azufrado, Lagunilla y Recio, de los municipios tolimenses de Herveo, Casablanca, Villahermosa, Murillo, El Líbano, Fresno, Falan, Palocabildo, Mariquita, Honda, Armero-Guayabal, Lérida, Venadillo y Ambalema. Los lahares también podrían afectar las áreas urbanas cercanas al cauce del río Gualí, especialmente en los municipios tolimenses de Mariquita y Honda. En el departamento de Caldas, impactarían las quebradas Nereidas y Molinos y los ríos Claro, Chinchiná y Cauca, además de las áreas rurales de los municipios de Manizales, Villamaría, Chinchiná, Palestina, Neira y Anserma.

Científicamente, no es posible saber con exactitud cuándo ocurrirá y qué magnitud tendrá una erupción en un volcán. Lo que sí se puede saber, gracias al monitoreo permanente y análisis y evaluación integral de los parámetros monitoreados, es cuándo el comportamiento de la actividad de un volcán se está tornando más crítico y, con ello, cuándo es mayor la probabilidad que ocurra una erupción, así como cuando esa erupción está en curso, puntualiza el SGC.

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