Esta emblemática especie de las cuencas del Amazonas y del Orinoco, en Colombia, ha ido ganando espacio por su conexión con la salud de los ríos y de los humanos. En la tarea por preservarlos, fundación Omacha busca darles mayor protagonismo para garantizar su supervivencia.
Ir a Leticia y navegar por el majestuoso río Amazonas con la ilusión de verlos es el sueño de muchos turistas, investigadores y ambientalistas. Ellos se embarcan en las lanchas ofrecidas por operadores locales, incluidos algunos indígenas. Viajan con cámara o celular, listos para capturar la imagen del delfín rosado o plateado que de repente los sorprende.
El lanchero pide silencio y aguarda unos minutos con el motor apagado. Los visitantes esperan pacientemente el avistamiento. De pronto, el agua se agita y empieza el espectáculo: los delfines rosados saltan, aparecen y desaparecen ante sus ojos.
Estos carismáticos animales -rosados y plateados- han ido ganando protagonismo por cuenta de la fundación Omacha, organización dirigida por el biólogo Fernando Trujillo y quien durante más de cuatro décadas se ha dedicado a visibilizarlos.
En una velada especial, en el norte de Bogotá, denominada "Delfines de rio: voces de la Orinoquia y la Amazonia", el doctor Trujillo habló de la tarea que ha venido cumpliendo para estudiar y proteger esta especie de ojos pequeños y de hocico largo, que refleja la salud de los ríos y de la cual también depende la salud de los humanos. De ahí, que su reflexión es clara y contundente: La suerte de estos ríos, de los delfines y de los humanos está conectada.
Para el que podríamos llamar “el guardián de los delfines”, son bastantes los logros en el desafío de conservar y proteger esta especie. Se trata de retos cumplidos durante todos estos años de expediciones al río Amazonas, al Orinoco, al Bita. Viajes en los que los equipos de investigadores han ido elaborando el mapa de los delfines de río en Colombia y en las fronteras, identificando los peligros que los acechan, como la deforestación, las sequías extremas, la minería extractiva, el exceso de hidroeléctricas, que les quitan conectividad a los ríos; la presencia de mercurio, las redes de pesca y el cambio climático, entre otros. “Nos hemos aventurado en los ríos, recorriendo más de 90.000 kilómetros, es como darle dos veces la vuelta al planeta, para entender cómo están los delfines”, cuenta el director de la Fundación Omacha.
En el caso del mercurio, su presencia en los estómagos de estos mamíferos es señal de que los peces que consumen están contaminados. Son los mismos peces que consumimos los humanos, de manera que la cadena tóxica nos afecta. Más de 4.000 toneladas de mercurio se han vertido a los ríos, advierte con preocupación el doctor Trujillo.
“Los registros más alarmantes muestran delfines con niveles de mercurio de hasta 36,89 mg/kg en tejido, una cifra muy superior al límite establecido por la Organización Mundial de la Salud, que es de 0,5 mg/kg», afirma la médica veterinaria María Jimena Valderrama Avella.
Las redes de pesca también terminaron atentando contra esta especie, cuando los pescadores descubrieron que competían con ellos por su pesca. Se buscaron alternativas, como la instalación de sensores en las redes que permitiera esquivarlos, en lugar de matarlos. Después, con el ecoturismo, se brindó una mejor alternativa para los pescadores y para los delfines.
Más recientemente, los efectos del cambio climático no se hicieron esperar. Las épocas de sequía extrema, como la de 2023, provocaron la muerte de 330 ejemplares. “Estamos tratando de generar medidas para evitar que esto siga pasando, pero las sequías llegaron para quedarse”, sentencia el biólogo.
Los delfines rosados no habitan solo en los ríos de Colombia. Se encuentran en Asia y en otros países de Suramérica, donde se han identificado entre 5 y 6 especies, y, posiblemente, una más, característica del Orinoco. “Tenemos delfines que se han extinguido o que están a punto de desaparecer, tal como ha pasado con la vaquita marina en el Golfo de California, no queremos que sigan la misma suerte”, precisa el director de Omacha.
Además de su importancia biológica, los delfines de río forman parte del acervo cultural de las comunidades. Para ellas, los delfines tienen ciudades bajo el agua.
Una sola salud
La fundación Omacha ha evaluado la salud de más de 40 delfines, a través de las cuales se busca determinar el estado sanitario de las poblaciones existentes con el propósito de impulsar acciones de conservación y profundizar en el conocimiento de los ecosistemas acuáticos.
Las evaluaciones de salud en estos cetáceos se han desarrollado en varios países de Suramérica donde habitan, en el marco de la Iniciativa Suramericana de Delfines de Río (Sardi), con el fin de mostrar la estrecha relación entre la salud de los ríos y la biodiversidad que habita en estas cuencas, incluidos los seres humanos.
Bajo el enfoque integral de “Una sola salud”, las evaluaciones buscan equilibrar y optimizar la salud de las personas, de los animales y de las plantas, por su dependencia mutua y su vínculo con los ecosistemas en donde habitan.
Según el documento rector de este plan (elaborado por la OMS, FAO, OMSA y PNUMA), "este enfoque interpela a múltiples sectores, disciplinas y comunidades en diversos niveles, para trabajar conjuntamente y neutralizar las amenazas para la salud y los ecosistemas, al mismo tiempo que se hace frente a la necesidad de agua limpia, alimentos inocuos y se contribuye al desarrollo sostenible".
Los delfines de río, como seres que comparten sus espacios de vida con los humanos, y en ocasiones la misma fuente de alimentación -los peces- pueden ser indicadores de alertas tempranas para posibles riesgos en la salud pública, como el caso de la contaminación de mercurio en los ríos, explica la veterinaria María Jimena.

Claudia Bahamón, embajadora de los delfines de río
Rumbo al protagonismo
Manteniendo el termómetro encendido para monitorear la salud de los delfines, estos hermosos ejemplares han ido ganando fama en el escenario mundial. Tanto así, que varios de los ecosistemas que los albergan han sido declarados Sitios Ramsar -Complejo de humedales Lagos de Tarapoto, río Bita y la estrella fluvial del Inírida. También se han logrado declaratorias internacionales para su preservación y, en Colombia, reglamentación y nuevas políticas públicas para su conservarlos.
La fama de los delfines también ha llegado al oído de reconocidos personajes como Claudia Bahamón, que sorprendió al auditorio convocado en la velada por los delfines con una profunda reflexión sobre esta especie y su relación con la vida en la tierra.
La conocida presentadora, quien desde hace más de 15 años es embajadora de la organización ambientalista WWF, fue una de las invitadas a participar en la evaluación de la salud de delfines rosados en el Amazonas.
“Recorrer el Amazonas durante 4 días es una experiencia que transforma. Allí entendí que ese territorio no es un territorio lejano, es el origen mismo de la vida. El corazón que bombea agua, oxígeno y esperanza a todo el planeta. Vi cómo de sus árboles nacen los ríos voladores, esas corrientes invisibles que llevan agua a los andes, al Caribe y a los océanos. Supe de los ríos subterráneos y comprendí que los ríos que vemos, los que tocan a los delfines, son una red infinita que nos conecta a todos...
Para Claudia, “sin el Amazonas no hay océanos sanos y sin océanos sanos no hay vida posible. En su travesía por el Amazonas, ella entendió que “proteger al delfín de río no es proteger solo una especie, sino es proteger el sistema que sostiene nuestra existencia”.
Por eso, cuando alguien del auditorio preguntó qué hacer para que el delfín se vuelva famoso y obtenga la ayuda que necesita para sobrevivir, ella no dudo un instante en responder: ir a esos territorios donde ellos habitan, porque “no podemos cuidar lo que no conocemos, la mejor manera de enamorarnos de ellos es ir a verlos”.
Y tanto la fundación Omacha, como WWF y entidades gubernamentales, esperan que los delfines “salten” a la fama, para contar con recursos que garanticen su sobrevivencia.

