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Entre 2017 y 2026, por lo menos 100.252 animales han sido afectados en el contexto del conflicto armado en Colombia. En total, 44 especies están en riesgo de extinción inminente. La JEP pide acciones urgentes y advierte que cada 30 minutos un animal pierde la vida o resulta gravemente herido por causa de la violencia.

BOGOTÁ.- Testimonios recogidos por el Tribunal de Justicia y Paz de Bogotá relatan que, en una zona de Puerto Triunfo (Antioquia), existía un lugar conocido como “La Isla”, donde integrantes de grupos paramilitares al mando de Ramón Isaza cavaban huecos en los que enterraban a las víctimas, dejando únicamente la cabeza expuesta, sobre la cual vertían miel, provocando ataques de avispas. Este método era utilizado como forma de castigo contra jóvenes señalados de consumir drogas o cometer robos.

En otras zonas, como el Meta y Vichada, grupos paramilitares amarraban a algunas personas y las obligaban a permanecer en ciénagas o lagunas, expuestas tanto al agotamiento físico como al riesgo de ser atacadas por animales.

Relatos en contextos selváticos muestran también cómo los sonidos de monos, recorridos intempestivos de animales grandes o incluso la presencia de luciérnagas eran interpretados como señales de movimiento humano.Otro ejemplo documentado es el de aves como los loros, capaces de repetir palabras o frases, lo que las convierte en portadoras involuntarias de discursos asociados al conflicto. Se ha registrado el caso de una lora que repetía expresiones como “Paraco asesino” o “Viva la guerrilla”, incorporando en su comportamiento cotidiano los lenguajes de la confrontación.

Esta es parte de la información documentada en el estudio "La violencia contra animales en el conflicto armado en Colombia durante el periodo 2017-2026", adelantado por la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) junto con la Universidad de Essex, el cual menciona, además, el uso de serpientes como herramienta de tortura y el empleo de caimanes en situaciones en las que las víctimas eran dejadas en entornos acuáticos bajo condiciones de extrema vulnerabilidad.

De igual manera, se documenta el uso de perros, aves y otros animales que pueden reaccionar mediante ladridos, movimientos o cambios de comportamiento advirtiendo sobre la proximidad de tropas o combatientes. Estas funciones también ha llevado a que sean eliminados cuando representan un obstáculo. Así, por ejemplo, el estudio alude al envenenamiento de perros para evitar que alerten sobre desplazamientos militares.

Mulas, burros y vacas forman parte de las especies que han sido víctimas de conflicto. Los investigadores recuerdan que durante el paro armado declarado por el Clan del Golfo (EGC) en mayo de 2022 y que afectó a 13 departamentos, en varios municipios de la región Caribe se observaron mulas y burros con las siglas del grupo pintadas sobre su piel. Entre tanto, el 11 de marzo de 2023, miembros de un grupo armado ilegal empleando motosierras sacrificaron 6 reses en una finca ubicada sobre la vía que de Chinú conduce a Sampués (Sucre), en lo que podría tratarse de represalias por el no pago de una extorsión. Para el equipo investigador, el caso ocurrido en Chalán, Sucre, donde un burro cargado con explosivos, en 1996, causó la muerte de 11 policías, ilustra la gravedad de este tipo de acciones.

El uso de animales ha llegado a situaciones de mitos y creencias popuulares de los implicados en los conflictos armados. El informe menciona, por ejemplo, que algunos combatientes consumían sangre de animales como parte de rituales orientados a “blindarse” frente al peligro o aumentar su resistencia física y emocional. Y recuerda que en otros contextos de conflicto y criminalidad organizada, se ha documentado el uso de partes de animales —como colmillos, garras o plumas— en rituales asociados a protección, poder o estatus.

El estudio deja en claro que se trata de cifras aproximadas, si se tiene en cuenta que en Colombia no existen bases de datos sistemáticas ni informes de memoria histórica dedicados exclusivamente a documentar las afectaciones a los animales en el conflicto armado. La información obtenida proviene del monitoreo diario de 238 medios de comunicación, 637 cuentas de la red social X pertenecientes a organizaciones defensoras de derechos humanos, entidades del Estado y organismos multilaterales, así como de las Alertas Tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo, indican los autores.

Para la investigación, las afectaciones a los animales fueron clasificadas en seis categorías: envenenamiento, abandono forzado, accidentes ocasionados por artefactos explosivos improvisados (AEI), retención ilegal, acción militar y amenaza. A partir de este análisis, se identificaron 44 especies en estado crítico cuya situación está vinculada a dinámicas del conflicto armado. Estas fueron clasificadas en cuatro categorías: tráfico de fauna, voladura de infraestructura, deforestación y minería ilegal

En el 32% de los registros, los animales fueron afectados directamente por acciones militares. Esto incluye muertes o heridas causadas en medio de emboscadas, hostigamientos, enfrentamientos armados o ataques con drones. Por otra parte, en el 27% de los casos, se identificó abandono forzado de animales domésticos, generalmente como consecuencia del desplazamiento forzado de sus cuidadores.

Bajo este panorama, Antioquia se destaca como el departamento que concentra la mayor cantidad de especies amenazadas por el conflicto armado, tales como el arrierito antioqueño, el paujil piquiazul, distintas ranas arlequín y el mono araña.

El estudio destaca como un caso particularmente crítico el del Parque Nacional Natural Farallones de Cali, identificado como una de las zonas protegidas más amenazadas. Allí, según los investigadores, especies como las ranas arlequín y de cristal, y la serpiente del caño del Dagua enfrentan riesgos asociados a la minería ilegal, la producción de clorhidrato de cocaína y la deforestación.

Entre estas especies, las más afectadas son las ranas, dado que se identificaron 18 especies del género Atelopus y 18 del género Pristimantis en riesgo. Este dato resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad de anfibios en el mundo, con 374 especies endémicas de ranas.

El análisis de los datos sugiere que las disidencias de las FARC-EP son el grupo armado no estatal que más estaría amenazando a las especies de animales silvestres en Colombia. Y dentro de estas estructuras, el Frente Jaime Martínez, coordinado por alias Iván Mordisco, aparece como la subestructura con mayor incidencia en territorios donde se concentran especies en riesgo.

El impacto más alarmante de estas dinámicas es la degradación de la diversidad biológica, que no solo amenaza la supervivencia de las especies, sino también los equilibrios ecológicos que sostienen la vida, señala el estudio en el que participó la Universidad de Essex, que bajo la coordinación de Matthew Gillett, busca el reconocimiento del ecocidio como quinto crimen internacional en el Estatuto de Roma.