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Mientras los institutos de investigación apoyan la decisión del Gobierno Nacional que optó por la eutanasia técnica para cerca de 80 hipopótamos para controlar la superpoblación de esta especie invasora, organizaciones no gubernamentales y líderes comunitarios se oponen.

BOGOTÁ D.C.- Comunidades que conviven desde hace 40 años con los hipopótamos que introdujo al país el extinto narcotraficante Pablo Escobar, no los consideran como una amenaza y piden optar por alternativas diferentes a la eutanasia, tales como el traslado a santuarios -traslocación-, y la esterilización química.

En un foro realizado en la Universidad de los Andes y moderado por Sebastián Restrepo, de la Universidad Javeriana, voceros de los guías turísticos, de las juntas de acción comunal, así como biólogas de Cornare y Corpoboyacá, dialogaron en torno a los efectos negativos que podría tener la medida anunciada por el Gobierno y sobre los posibles escenarios diferentes a la llamada eutanasia técnica.

Tania Galindo, directora de la Comisión Creadora de Defensa a los hipopótamos, invitada al foro, considera la medida como “un atropello social a la comunidad”. En ese sentido, cuestiona al Gobierno que, en su opinión, “ahora quiere solucionar un problema a plomo, en un territorio tan golpeado por la violencia".

Sobre la traslocación, Sofía Africano, bióloga de Cornare, señala que las autoridades ambientales de Antioquia habían avanzado. En cuanto a las medidas que se han anunciado, se pone en duda su implementación, pues de trata de un manejo muy complejo. Al respecto, recuerda que, por ejemplo, el macho más grande puede llegar a pesar tres toneladas y casi 5 metros de longitud. “Es un animal que necesita mucha atención y mucho manejo”, puntualiza.

Para la bióloga de Corpoboyacá, Katherine Corrales, otra de las invitadas al foro, hay bastantes herramientas para buscar la solución entre las mismas comunidades.

Yamit Díaz, guía turístico de Cocorná, cree que los hipopótamos son los bobos a los que se culpan por el desequilibrio ecosistémico, que ha sido provocado por diferentes circunstancias.

Damaris Luján, delegada de Acción Comunal del municipio de Puerto Triunfo, las medidas a tomar se deben analizar en campo, en el escenario en que se desenvuelven las comunidades. “Esto no es solo un trabajo de escritorio”, advierte.

ONG, en contra

“Hacemos un llamado urgente al Gobierno para que suspenda cualquier autorización para exterminio de animales, señala el comunicado firmado por más de 100 organizaciones no gubernamentales, tales como Anima Naturalis, plataforma Alto, Bios, Defensa Animal, Sociedad Protectora de Animales de Barranquilla, Comisión Protectora de la Vida de los Hipopótamos y Resistencia Natural, REN.

En un comunicado dado a conocer a la opinión pública, las ONG cuestionan la opción de la eutanasia por sus implicaciones éticas, legales y científicas. Las ONG advierten que existen alternativas viables como la esterilización y la translocación, y alertan sobre el precedente que podría sentar esta decisión en la política ambiental del país. "Colombia tiene la oportunidad de convertirse en un referente internacional en el manejo ético de megaherbívoros introducidos", agrega el comunicado.

En concepto de las organizaciones que firman el comunicado, la adopción de medidas de exterminio sin tener en cuenta alternativas no letales vulnera los principios de proporcionalidad, razonabilidad y solidaridad con los animales y puede constituir una actuación contraria al deber constitucional de la protección de la biodiversidad e integridad del ambiente previsto en los artículos 8, 79 y 95 de la Constitución Nacional.

Según los firmantes, existen métodos diferentes a la eutanasia, entre los cuales destacan la esterilización o castración química, el confinamiento en espacios debidamente adecuados, programas de educación y coexistencia que disminuyen riesgos y promueven una relación responsable entre humanos y fauna-, traslado y/o reubicación a santuarios o reservas especializadas, tanto a nivel nacional como internacional.

La eliminación de hipopótamos no resuelve estructuralmente el problema ecológico y puede generar impactos negativos en los ecosistemas intervenidos desconociendo el principio de precaución ambiental contemplado en el artículo 1 de la Ley 99 de 1993 y desarrollado por la jurisprudencia de la Corte Constitucional, en sus sentencias c-293 de 2002, T-622 de 2016 y C-449 de 2015, concluyen las organizaciones ambientalistas.

Lo que dice la ciencia

Pese a los pronunciamientos de las ONG, varias organizaciones científicas han respaldado el manejo anunciado por el Ministerio de Ambiente. En ese sentidom, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (Instituto Humboldt), el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (INVEMAR), el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI), el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP) y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (ICN) expresan su firme respaldo a estas medidas que se fundamentan en los resultados científicos de proyectos desarrollados mediante los convenios 751 de 2021 y 862 de 2022, suscritos entre el Instituto Humbolt, el ICN y el Minambiente, así como en diversas publicaciones científicas.

Según informa el Humboldt, los resultados de estas investigaciones confirman que para el 2022 en Colombia existía una población de aproximadamente 169 individuos, cifra que supera la presencia de esta especie en varios países africanos, de donde es nativa. En nuestro país, debido a la ausencia de controladores naturales como grandes felinos o sequías y a la idoneidad de hábitat y disponibilidad de recursos en el valle del río Magdalena, la especie presenta un crecimiento poblacional elevado con una alta proporción de crías y juveniles -aproximadamente el 37 %- y subadultos -35 %- y adultos -28 %. De no aplicarse las medidas de manejo, destacan "se proyecta que la población superará los 500 individuos para el 2030".

Para las organizaciones científicas, son múltiples los impactos en ecosistemas y comunidades humanas, que la presencia de la especie puede tener, entre ellos:

- Reducción de la biodiversidad nativa, pues el hipopótamo compite directamente por hábitat y recursos con especies nativas de Colombia, algunas de estas vulnerables, como el manatí (Trichechus manatus), el chigüiro (Hydrochoerus isthmius) y la nutria (Lontra longicaudis).

- Modificaciones sobre los ecosistemas (especie ingeniera): su presencia provoca la compactación del suelo y la erosión de riberas y la eutrofización de cuerpos de agua. Se ha reportado que a causa de las grandes deposiciones de materia orgánica en los cuerpos de agua, la presencia de los hipopótamos puede generar condiciones anóxicas (ausencia casi total o falta de oxígeno) que podrían resultar en una alta mortalidad de peces y en una reducción en la abundancia de macroinvertebrados, además de poner en riesgo la supervivencia de las especies que presentan baja tolerancia a la escasez de luz en la columna de agua.

- Riesgos graves para la seguridad de comunidades locales y salud pública: se han registrado interacciones riesgosas, incluyendo en 2022, 15 ataques directos a personas, persecuciones, ataques a ganado y otras especies (caballos) y afectaciones a las artes y faenas de pesca de subsistencia y la libre movilidad de las comunidades, incluyendo personas de primera infancia. Adicionalmente, los hipopótamos actúan como vectores de enfermedades peligrosas tanto para humanos como para otros animales, tales como la brucelosis y el ántrax (por lo que su carne no puede ser de consumo).

Voces y a favor en contra de la eutanasia como medida irremediable de control a la sobrepoblación de hipopótamos dejan abierto el debate sobre el destino final de esta especie en Colombia.