De las 65 áreas de reserva natural del país, solo 25 están abiertas para actividades de ecoturismo. Las restantes se destinan exclusivamente a la conservación y a la investigación científica, pero en los últimos años varias de estas zonas han enfrentado una creciente presión por parte del turismo no regulado, que se realiza sin permisos, fuera de los senderos autorizados y, a menudo, promovido por operadores informales o por contenidos en redes sociales.
BOGOTÁ D.C.- Erosión de senderos, acumulación de basuras, contaminación de fuentes hídricas como ríos y lagunas, disturbios a la fauna silvestre y daños a ecosistemas sensibles como los páramos y los bosques altoandinos son algunas de las afectaciones detectadas por Parques Nacionales Naturales, a varias áreas de reserva en las cuales no están autorizados las actividades de ecoturismo, entre las cuales figuran los Parques Nacionales Tayrona, Los Nevados, Amacayacu, Sierra de La Macarena, Farallones de Cali y El Cocuy. En este último, el ingreso de visitantes no autorizados ha generado impactos ambientales y tensiones culturales con el Pueblo U’wa, además el riesgo inminente al que se exponen los turistas.
El Sistema de Parques Nacionales está compuesto por 65 áreas protegidas que conservan cerca del 80 % de los ecosistemas nacionales. En estos territorios se han registrado más de 24.400 especies de flora y fauna, equivalentes al 35 % de las especies conocidas en Colombia. Allí se resguardan páramos, selvas, manglares, arrecifes coralinos y una variedad de paisajes que sostienen procesos ecológicos esenciales.
De estas 65 áreas, solo 25 están abiertas actualmente para actividades de ecoturismo. Las restantes se destinan exclusivamente a la conservación y a la investigación científica. No obstante, en los últimos años varias de estas zonas han enfrentado una creciente presión por parte del turismo no regulado, que se realiza sin permisos, fuera de los senderos autorizados y, a menudo, promovido por operadores informales o por contenidos en redes sociales. Esta práctica ha generado impactos ambientales y sociales que ponen en riesgo la integridad de los ecosistemas, la seguridad de las comunidades locales y la vida de los turistas.
Según Parques Nacionales, en distintas áreas protegidas se han identificado afectaciones como erosión de senderos, acumulación de basuras, contaminación de fuentes hídricas como ríos y lagunas, disturbios a la fauna silvestre y daños a ecosistemas sensibles como los páramos y los bosques altoandinos. También se han registrado afectaciones a sitios de valor cultural para comunidades indígenas y poblaciones locales.
En 2025, el Parque Nacional Natural Farallones de Cali registró emergencias relacionadas con ingresos a zonas no habilitadas, como en el sector de Pico Pance, donde un visitante debió ser rescatado en un área sin vocación ecoturística y de difícil acceso para los equipos de emergencia.
Situaciones similares se han presentado en el Santuario de Flora y Fauna Galeras, en Nariño, donde persisten ascensos ilegales hacia sectores cerrados como Urcunina y Laguna Negra, restringidos debido a amenazas volcánicas o a limitaciones de acceso asociadas a predios privados. Estos ingresos irregulares ponen en riesgo ecosistemas frágiles y especies endémicas como el venado y el zorro de páramo.
En la Amazonía, once áreas protegidas hacen parte del Sistema, pero solo una —el Parque Nacional Natural Amacayacu— tiene actividades ecoturísticas autorizadas. Las restantes permanecen cerradas para garantizar la conservación, la investigación y la educación ambiental. El incremento de visitas no autorizadas, impulsado por la visibilidad en redes sociales, ha empezado a generar impactos ambientales significativos y riesgos para la seguridad de los propios turistas.
La Resolución 531 de 2013 establece los criterios técnicos para definir qué áreas pueden desarrollar actividades ecoturísticas, evaluando variables como representatividad ecológica, disponibilidad de infraestructura, accesibilidad, presiones humanas y alianzas territoriales. Incluso en las áreas habilitadas, los Planes de Manejo determinan con precisión qué sectores están abiertos al público y bajo qué condiciones.
En este contexto, Parques Nacionales Naturales de Colombia continúa fortaleciendo las acciones de control, el monitoreo ambiental, los ejercicios de educación y sensibilización, la articulación con autoridades locales y el trabajo conjunto con comunidades y operadores formales para promover un ecoturismo responsable y sostenible.
Entre los destinos de mayor reconocimiento se encuentra la Ruta Sierra de La Macarena, hogar del majestuoso Caño Cristales —conocido mundialmente como “el río de los siete colores”—, así como de cascadas, raudales y paisajes únicos. Sin embargo, esta zona también enfrenta presiones por turismo no regulado, que compromete la seguridad de los visitantes y la sostenibilidad del ecosistema.
En el departamento del Meta, particularmente en la Ruta Sierra de La Macarena, existen áreas protegidas con procesos consolidados de ecoturismo, incluyendo el PNN Sierra de La Macarena, el sendero Mirador Cristalitos y el Raudal Angosturas I, compartido con el PNN Tinigua. Estos lugares se han convertido en referentes internacionales gracias al trabajo articulado entre comunidades locales, entidades públicas, organizaciones privadas y cooperación internacional.
Parques Nacionales hace un llamado a los viajeros para que se informen previamente sobre los sitios autorizados para el ecoturismo, verifiquen operadores certificados, cumplan los protocolos y eviten visitar zonas no habilitadas. Con ello se protege no solo la experiencia del visitante, sino la salud de los ecosistemas y el bienestar de las comunidades que dependen de ellos.
Colombia es un país megadiverso que se proyecta como uno de los destinos más importantes para el turismo de naturaleza. No obstante, la conservación debe ser la prioridad. Garantizar la protección de estas áreas es un compromiso ético con la biodiversidad, con los pueblos que habitan estos territorios y con las generaciones futuras.
No todos los lugares pueden ni deben abrirse al turismo. Algunos existen únicamente para preservar la vida en todas sus formas. Visitar los Parques Nacionales es un privilegio que exige respeto, responsabilidad y conciencia.
En este link pueden conocer las áreas protegidas que están en amenaza por el turismo no regulado.
https://www.parquesnacionales.gov.co/en-los-parques-nacionales-naturales-de-colombia-la-conservacion-esta-primero/