Un equipo de 46 científicos revisó casi 88.000 registros de abejas en seis años. El resultado es el primer inventario verificado de las abejas del país, que da cuenta de 738 especies, de las cuales 140 solo viven en Colombia. Las nuevas cifras superan el estimativo de entre 500 y 600 especies de estudios pasados.
BOGOTÁ D.C.- Un nuevo inventario, publicado el pasado primero de octubre en la revista científica PeerJ, confirmó 738 especies de abejas en Colombia, en la que se constituye en la primera lista donde cada especie está respaldada por ejemplares reales, guardados en museos y colecciones.
Los científicos encontraron 246 especies que nunca habían sido registradas en el país y al mismo tiempo, sacaron de la lista 109 especies que aparecían en conteos anteriores. No encontraron ningún ejemplar ni publicación que probara que de verdad se encuentran en Colombia.
La cifra, según el Instituto Humboldt, supera en más del 20% conteos anteriores, de 2003 y 2009, que reportaban entre 466 y 604 especies.“El salto no se debe a que hayan aparecido nuevas abejas sino al nivel de detalle con el que se adelantó esta investigación”. dijo el curador de las Colecciones de Entomología e Invertebrados del Instituto Humboldt, Jhon César Neita, quien hizo parte del equipo que adelantó la investigación durante más de un lustro.
De las 738 especies registradas, 140 no viven en ningún otro lugar del planeta distinto a Colombia. Corresponden al 19 % del total. Un registro de endemismo que, para Neita, también podría quedarse corto teniendo en cuenta que hay zonas, como el Chocó, por ejemplo, que no cuentan con colecciones.
Con este conteo, Colombia se convierte en el cuarto país con más especies de abejas en Suramérica, después de Brasil (1.985), Argentina (1.183) y Perú (779). Supera a Bolivia, Ecuador, Chile y Paraguay. Y la lista, según el Humboldt, seguirá creciendo. Con modelos estadísticos, los autores calculan que en el país hay cerca de 1.035 especies. Es decir, todavía falta por describir o registrar alrededor del 26 %.
Durante la revisión también encontraron “incontables ejemplares” que probablemente son especies nuevas para la ciencia. Describirlas será tarea de estudios posteriores y de expediciones futuras, de acuerdo con Neita, para quien es urgente adelantar actualizaciones de especies en determinados Parques Nacionales Naturales, por ejemplo, entre otros.
Cuando se habla de abejas, la mayoría piensa en la especie que fue traída de otros continentes para producir miel. Pero las abejas nativas son otra historia, y mucho más variada. “Casi el 90 % de las plantas con flor en la naturaleza se benefician de la polinización de las abejas. Cerca de un tercio de los cultivos las necesita para dar fruto” cita el artículo a partir de estudios anteriores. También plantea que en el mundo se estima que ese trabajo vale al menos $235.000 millones de dólares al año.
Por eso, para Neita es tan importante el trabajo de comunidades rurales como las del Putumayo que hacen aprovechamiento de, por lo menos, 35 especies de abejas nativas: una actividad que no solo genera recursos para la gente, sino conocimiento de la biodiversidad y apropiación de su riqueza natural.
Seis años de cajones y microscopios
El estudio, que según los autores es la primera lista de este tipo para cualquier país del hemisferio occidental. fue liderado por la doctora Margarita López Uribe, colombiana y profesora de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE.UU.) y el estudiante de doctorado Rubén Darío Martín Rojas. Reunieron a 46 investigadores de universidades e institutos de Colombia, Brasil, Estados Unidos y México, entre ellos la Universidad Nacional, el Instituto Humboldt, el Instituto SINCHI y Agrosavia.
Entre 2019 y 2025, el equipo visitó 18 colecciones entomológicas del país. Allí revisó más de 62.000 ejemplares y los cruzó con bases de datos públicas y con 77 artículos científicos. “De casi 88.000 registros iniciales, conservamos 69.439 tras eliminar duplicados, errores de ubicación y datos que no se podían verificar. Las colecciones regionales aportaron el 64% de la información”, explicó Neita.
El inventario también revela que casi todo lo que se sabe de las abejas colombianas viene del 8 % del territorio. “Solo Antioquia y Cundinamarca reúnen el 41 % de los registros. No es casualidad: allí están las grandes universidades y centros de investigación”, comentó Neita.
La región andina concentra 483 especies conocidas. Le siguen la Orinoquía, con 280; la Amazonía, con 265; el Caribe, con 222, y el Pacífico, con 169. Por departamentos, Antioquia lidera con 269 especies, seguida de Meta (220), Cundinamarca (207) y Valle del Cauca (200).
En el otro extremo, en departamentos como La Guajira y Arauca se han reportado menos de 35 especies. Es una paradoja, porque las zonas secas son justamente donde los científicos esperan encontrar más diversidad de abejas.
Hallazgo inédito en Antioquia
Entre los hallazgos hay uno inédito para el continente. En Antioquia, en la región del Chocó biogeográfico, se registró Osmia azteca, la primera abeja nativa de ese género documentada en Suramérica. El estudio también muestra que las abejas colombianas viven distinto a las de países con cuatro estaciones. Aquí, una de cada cuatro especies (25 %) son sociales, es decir, que viven en colonias organizadas; en Estados Unidos son apenas el 4 % y en Europa, el 5 %.
También cambia el lugar donde construyen sus nidos. En Colombia, la mayoría de las especies de abejas (57 %) anidan sobre el suelo, en troncos, ramas o cavidades. En Norteamérica, la mayoría (70 %) nidifican bajo tierra.
Los autores creen que la humedad del trópico, que pudre el alimento de las crías, y la abundancia de hormigas depredadoras, ayudan a explicar esa diferencia.
Hoy, solo 12 especies de abejas tienen alguna categoría de amenaza en Colombia. Pero esa clasificación se basa sobre todo en su rareza, no en estudios que midan si sus poblaciones están en declive.
“En el país no existen programas de monitoreo de abejas a largo plazo. Sin ellos, es imposible saber cuáles están desapareciendo. Un tema que se advirtió en el estudio”, dijo Neita.
Los investigadores también alertan en el estudio sobre otro riesgo: la llegada de abejorros comerciales de otros continentes, que usan para polinizar cultivos, y que en ciertas regiones de Suramérica han causado extinciones localizadas de abejas nativas.
Por eso, concluyen, este inventario es “un primer paso crítico”, ya que proteger las abejas de Colombia empieza por saber cuántas y cuáles son.